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domingo, 20 de enero de 2013

Graves defectos en edificios de gran tránsito de menores: caso Toysrus Barakaldo Megapark


Una de las enormes ventajas que tiene la Asociación Nacional de Seguridad Infantil es que es sin ánimo de lucro y totalmente independiente, es decir, no tiene que preocuparse de sponsors, ni anunciantes, ni patrocinadores ni subvenciones de administraciones. Si ha de preocuparse de algo es exclusivamente de potenciar y aumentar la Seguridad Infantil en todas las áreas posibles y de sus asociados. Eso da pie a que si detecta situaciones, productos u actos que afectan a la seguridad de nuestros hijos e hijas como poco se denuncie y se presente como ejemplo a evitar.

El caso de hoy viene a denunciar la poca sensibilidad por la seguridad infantil que existe en edificios con gran tránsito de menores. Un caso, a mi parecer fragante, es el que expongo a continuación, el Toysrus de Barakaldo Megapark, ya que si podemos destacar un edificio con gran tránsito de menores en una Macro Juguetería.

Debido a tener que cambiar un producto en mal estado de las pasadas navidades, acudo a dicho centro ya que sólo ahí podía acudir. Lugar alejado que me obliga a coger el coche pero no quedaba otro remedio.
El centro cuenta de primeras con una puerta acristalada sólo de entrada y otra sólo de salida. Me imagino que con el fin de agilizar las compras y evitar en todo lo que se pueda la famosa “pérdida desconocida”. La puerta de entrada a su vez cuenta con dos puertas separadas por unos tres metros, ambas acristaladas de doble hoja y de apertura automática por sensor de movimiento o PIR instalados en la parte superior, sólo se pueden abrir en un sentido, el de entrada.

Entro al centro acompañado de mi hijo de tres años, primera puerta, se abre y tras cruzarla se cierra de forma automática. Procedemos a cruzar la segunda puerta, se abre, cruzo, pero en ese momento mi hijo ve un maravilloso juguete que le hace retroceder un escaso metro. Al querer reaccionar, la puerta se cierra de golpe. Al haberla cruzado yo ya, no existe sensor de movimiento que permita abrirla. Mi hijo se ha quedado bloqueado entre las dos puertas. A modo de juego, consigo que se acerque a la puerta, ésta no se abre. Jugando me pongo a saltar para que me imite, cosa que hace, pero el sensor sigue sin detectarle, la puerta sigue cerrada y mi hijo bloqueado. Pego un grito a Información, a escasos dos metros de mi, les digo lo que está ocurriendo y que por favor me abran desde ahí la puerta. Me dicen que imposible, que desde ahí no se puede, que tengo que ir a la puerta de salida, salir y volver a entrar para conseguir liberarlo. ¿Cómo? ¿Y qué ocurriría en caso de una evacuación del centro? ¿Qué todos deben emplear la puerta de salida y pasar por los tornos?... bueno, en ese momento entró una pareja con una niña y a los adultos si los detectó, abriéndose automáticamente la puerta y pudiendo “liberar” por fin a mi hijo. Si en esos instantes le hubiera dado un ataque de pánico creo que hubiera tirado la puerta abajo.


 Pero esta situación me hizo recelar del centro, y porque no decirlo, me enfadó, por lo que decidí analizar en más detalle la tienda.

Comienzo por la puerta de entrada. Como se puede apreciar en la foto adjunta, a pesar de estar pegado mi hijo a la misma ésta no se abre (lo probé hasta cinco veces, y ninguna vez se abrió). En segundo lugar, han puesto en unas puertas de vidrio unos folio azules para que además de indicar la dirección de sentido nadie se choque con la puerta ¿pero a que altura?, está claro que a la de un niño no… candidato a darse un “morrazo” contra el vidrio. Gran fallo, enorme fallo en una tienda dirigida a lo más pequeños.


Ya dentro, y al de pocos metros, me encuentro con un expositor en mitad de un pasillo de obligado paso (y de carreras de pequeños tensos al ver de repente tantos juguetes), en donde, escandalizado aprecio una serie de ganchos sobresaliendo a distintas alturas. Pero hay en particular uno, totalmente en punta, imperceptible a simple vista, que me “horroriza”. Sólo imaginarme a un pequeño en plena carrera impactando de lleno contra dicho gancho.
Sigo por el pasillo, de repente otros expositores con base de cartón que al más mínimo roce se caen. Está claro que un físico no los ha diseñado, su centro de masa tan elevado y con una base sin peso y de menor perímetro hace que casi con mirarlo se caiga.

Pero sigo andando, viendo piezas de juguetes rotas tiradas por el suelo, mobiliario viejo y dañado. 


Y de repente, en mitad del pasillo un cartón tirado. Bueno, es un cartón, tampoco hay que dramatizar, estarán desembalando juguetes y será algo temporal, enseguida lo quitarán. Pero al acercarme más ¡¡¡ NO, NO ES TEMPORAL !!!, el edificio tiene goteras y lo han puesto a modo de retención del agua… 

IMPRESIONANTE. 



Sigo mi camino por el centro especializado en la felicidad de los más pequeños. Unos metros más adelante, percibo una goma suelta de un mueble, bueno, una muestra más del deterioro del mobiliario, pero al acercarme…. HORROR, no es una simple gomita suelta. A algún genio se le ocurrió que una junta de goma que debía de ir pegada quedaría mejor con unos buenos tornillos.


Tras ver esto decido salir del Toysrus pitando, pero algo llama de nuevo poderosamente mi atención, el rincón de los Sistemas de Retención Infantil, no puedo resistirme y me acerco. ¿Y con que me encuentro? 

Con “quitamultas” (en nuestro argot , denominamos quitamultas a aquellos SRI que sólo sirven para eso, para que si te ve pasar un agente con el coche no te multe al pensar que lo llevas con un SRI, pero de seguridad CERO). Plasticorro chino endeble. 

Si de verdad queréis que vuestros hijos viajen seguros, NUNCA adquiráis un SRI como éste, y de paso, desconfiad donde lo vendan, ya que se preocuparan de otras cosas, pero de la seguridad de los menores seguro que no.


Ya no hay nada más que retenga, decido no seguir con esta “auditoría express” y salgo de allí sin ni siquiera cambiar el regalo y pensando que ya terminó todo.


Craso error, venía lo peor. Nada más cruzar los tornos de salida una mesa para envolver regalos, y ¿Qué hay encima de dicha mesa? Unas enormes tijeras, sin ningún control.


A una altura, que un niño de tres años, llega sin problema alguno.

Imaginad un día de total ajetreo, la tienda llena de gente y esas tijeras al alcance de un niño de tres años. 

Bueno, se acabó, me voy. Me giro para salir y… ¡¡¡No, no había terminado aún el despropósito del Toysrus y la seguridad infantil !!! Unos maravillosos juegos eléctricos de monedas (un avioncito y un caballito), conectados a la red eléctrica por los más “modernos, sofisticados y seguros sistemas”, vamos los cables tirados por el suelo al lado de la única salida (pensad en una emergencia) y con un alargador de los chinos como múltiple conexión eléctrica, y sobretodo, por el suelo para que jueguen con él los más pequeños

Uno de nuestros mayores colaboradores es Logieduca, una marca de la asociación que se encarga de instalaciones infantiles y que trabaja para la misma elaborando auditorías de seguridad Infantil, que incorporan a los servicios ofrecidos los parámetros de prevención de accidentes infantiles de forma que se interrelacione de forma natural con la construcción, arquitectura, instalaciones, equipamientos, entornos adaptados, gestión de los centros, etc..

He tenido la enorme fortuna de poder participar como mero espectador en una de las auditorías que tan magníficamente realizan. 


Tras esa breve experiencia estoy seguro de una cosa, el Toysrus de Barakaldo Megarpark queda suspendido en seguridad infantil… por mucho. 

Mikel Garrido
Presidente Asociación Nacional de Seguridad Infantil




1 comentario:

  1. Estimado Mikel; Si no fuera porque especificas que el Toysrus en cuestión es en Barakaldo, juraría por tus comentarios y por tus fotos que es el de mi ciudad, Vigo. No sé aún si reírme o lamentar mucho todo esto que comentas, pero es que he tenido un dejá vu con esta entrada tuya. Al Toysrus de mi ciudad no le faltan ni las puertas dobles acristaladas de un solo sentido (sí, mi hija de 3 años también se quedó atrapada, con idéntico resultado), ni los expositores en medio de los pasillos, ni los quitamultas de plasticorro, ¡ni tampoco el cartón de la gotera! ¿Serán todos tan iguales? También mi hija cogió las tijeras del papel de regalo y se subió a los dichosos caballitos mientras el más pequeño jugaba con los cables del suelo. Me alegro de que haya alguien que denuncie estas cosas, porque cuando no pasa nada dan risa, pero cuando pasa sólo queda lamentarse.

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